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La Navidad en la religión cristiana recuerda el nacimiento de Jesús en Belén. En la religión consumista se recuerda insistentemente y por todos los medios que como Jesús ha nacido y vienen los Reyes a verle, el mortal debe rascarse el bolsillo un poco más todavía para finalizar el año. Los reyes, el papá noel, el tió catalán, el amigo invisible y todos los personajes de esta época del año, todos vienen al pe$ebre de nuestros bolsillos sin que puedas evitarlo fácilmente, tal y como nos indica Satan Claus en la imagen: “quiero que gastes mucho para demostrar que amas a tu familia“. En esta secta, a la que pertenecemos la mayoría, el individuo es |
| libre de comprar en un principio, pero la presión social limita su libertad, de forma que si regalas cosas a los que te rodean, consigues pasar unas buenas fiestas. Porque es lo que hay que hacer. Porque es lo que hace todo el mundo. Porque es muy triste si no se hace, si no se está con tus seres queridos y no les demuestras tu cariño y admiración con tu bolsillo más ligero. Porque es Navidad. Aunque no necesiten esos regalos y la mitad de ellos no recuerde el año siguiente qué les regalaste. | |
Uy, pero con regalar cosas no basta. Un buen creyente debe cebarse cuando se junta con la familia, emborracharse cuando sale con los amigos y debe exigir en sus numerosos banquetes un abundante menú del que luego ha de tirarse la mitad para demostrar que la fiesta ha sido bien celebrada. Si no, es muy triste la Navidad. Pero lo más triste es que la Navidad la hacemos todos y cada uno de nosotros, año tras año. Pero, si fueramos menos borregos y más responsables a nivel individual, ¿cambiaría algo? ¿O es que por la cultura de los tiempos en los que nos ha tocado vivir, tenemos que acatarlo y participar sin rechistar? No es un asunto sencillo, pero desde luego dista un abismo de la idea inicial.





Otra perspectiva, desde un punto de vista meramente económico, es que muchos negocios y muchas familias obtienen buena parte de sus ingresos anuales en estos días de consumismo compulsivo.
¿Qué pasaría entonces con esos empleados y esas familias? ¿Qué pasaría con esas economías en desarrollo de los países
del sudeste asiático que surten las estanterías de los mercados? ¿Y el efecto dominó que ello puede conllevar?
A veces tengo la impresión de que, siendo el modelo capitalista el menos malo de los sistemas económicos y el más humano (en el sentido de que surge espontáneamente de la naturaleza del hombre en libertad), nos precipita en un círculo vicioso suicida.
Bajo este razonamiento, que es muy respetable, también estaría justificada la existencia de los toros como fiesta nacional, hacen daño a un animal pero….. y la cantidad de gente que come de ello?
Es el razonamiento en defensa de un apoderado de toreros que conozco.
Opino que es desproporcionado el nivel de consumo que representamos respecto a Europa, que además somos un país que no ahorra, y sólo consume. El motivo de la subida de precios básicamente es el consumo, ya que aumenta la demanada, aumenta el precio, y nosotros no paramos, come mucha gente sí, pero los precios se disparan, más que supervivencia por parte del empresario, es aprovecharse de una situación, de un comportamiento en el que todos y eso sí, sin excepción somos los más borregos de todos, la parte defendible sería que se genera trabajo, precario, pero trabajo al final.
Si no existiera, supongo que esas familias tendrían otros trabajos y habría menos frustraciones ocasionadas por el no poder consumir, ya que hemos entrado en una dinámica en que nada es suficiente…. que es otro tema muy amplio y muy grave, del que bien se podría escribir un artículo.
Defiendo que nuestro sistema es el menos malo de todos los sistemas económicos, pero no se nos olvide que el capitalismo se alimenta del consumismo, por lo tanto el único trabajo que tienen es alimentarlo y hacernos caer en ese círculo vicioso que dices.
Por cierto, gracias Miguel por tu comentario, que me ha hecho salir a la palestra…..y presentarme de una vez por todas.
Soy Marian, la borrega por excelencia.
Hasta pronto
Hola Marian, me alegra por fin conocerte, aunque sea via digital.
Lástima que, lo cortés no quita lo valiente, discrepe de alguno de tus comentarios. Pero bueno, de eso se trata, de discutir y darse de leches si eso no funciona (es broma).
1. El de los toros es un tema que también merecería un debate por sí solo. Pero creo que mi argumento no iba por ahí, es decir, no iba por aquello de que el fin justifica los medios.
2. No sé muy bien en que te basas para afirmar que “somos un país que no ahorra y sólo consume”.
No tenemos mucho dinero líquido porque la verdad es que ganamos menos que dinero, somos más pobres (teniendo en cuenta el coste de la vida) que nuestros vecinos del norte. Ahora bien, buena parte de nuestros ingresos los destinamos a la compra de una vivienda (81% de viviendas en propiedad en España, en Alemania el 43%), un bien no fungible y que históricamente mantiene su valor ad eternum. Eso, para mí, es ahorrar.
3. Dices que “el motivo de la subida de precios básicamente es el consumo”, cierto, pero no por nuestro consumo nacional. Dudo que en un año nos haya dado por comer pan o cordero compulsivamente.
El principal motivo es el incremento espectacular del precio de los cereales -hasta un 75% el trigo, un 51% el maíz y un 73% la cebada-, derivado del desajuste entre oferta y demanda por el aumento del consumo en las economías emergentes (China e India) y, en menor medida, de la importancia creciente -si bien aún menor- de la industria de los biocombustibles. Los chinos también tienen derecho a comer bien y a vivir cómodamente.
4. Lo bueno de una economía capitalista en un país libre es que cualquiera puede ser empresario y “aprovecharse de una situación”. Yo, en cuanto puedo, me aprovecho de una buena situación.
5. También dices que “Si no existiera [la demanda/el consumismo], supongo que esas familias tendrían otros trabajos y habría menos frustraciones ocasionadas por el no poder consumir”. En España ya hay más de 2 millones de desempleados frustrados.
En definitiva, mi postura, reconozco que poco audaz, es que estoy a favor del consumo porque es un generador de riqueza y de bienestar de una sociedad. Lógicamente no estoy a favor de un consumo compulsivo y estúpido que nos precipite a la autodestrucción.
Cuando todos los habitantes de este planeta tengamos acceso a un consumo suficiente y a unas condiciones de vida mínimamente cómodas (digamos como vivía aquí una familia urbana de clase media en los años 60), entonces, en ese momento, habrá que buscar un equilibrio entre nuestro consumo y los recursos que la Tierra nos ofrece.
Restringir el consumo en el primer mundo puede condenar a la pobreza a los países emergentes (no olvidemos que China e India suman 2/5 partes de la población).
Lo primero de todo, gracias por tus comentarios, Miguel, y bienvenida, Marian, estábamos ansiosos de conocerte por aquí! No dudo de que en breve nos aportarás muchas cosas y muchos puntos de vista originales.
Aporto un dato que, al menos, da un poco de sentido a toda esta vorágine de consumo: la Nochebuena es herencia de un rito pagano romano que constaba de varios días en los que se celebraba el fin de los trabajos del campo y del periodo más oscuro del año, instando a que empezara un periodo más luminoso, coincidiendo con el solsticio de invierno. El rito se llamaba Saturnalia y podéis ampliar la información aquí.
Esto nos dice que, al menos, consumir, hacerse regalos y hacer fiestas con las personas más cercanas es algo histórico, aunque el sentido haya cambiado por completo.
Mi opinión es que no hay nada que justifique el derroche de dinero y la presión a la que la sociedad nos somete. Cuando la gente compra, no compra por dar de comer a los chinos o al comerciante, Miguel. Compra porque es lo que la gente hace y lo que la sociedad marca. Eso es lo triste, pero menos mal que aquí estamos para identificar por lo menos que detrás de eso hay muchos intereses. Desde luego, lo que está claro es que no deberíamos consumir simplemente porque es lo que esté establecido. Si realmente estuviéramos preocupados por los problemas de los comerciantes, de los países emergentes y todo eso, te aseguro que no nos quedaríamos tan panchos gastando la extra en el centro comercial. Y hablo de mi alrededor, es un hecho. Pero una vez más, es lo que siempre hemos visto a nuestro alrededor, y nos limitamos a repetirlo año tras año. Pero claro, somos demasiado cómodos como para cambiar lo que llevamos haciendo tanto tiempo tan agustito en Navidades.
Me gusta que haya discrepancias, es bueno que cada uno tenga su opinión, pero lo que sí debo deciros es que me gustaría ver que las afirmaciones que hacéis, los datos que aportáis, están respaldados por documentación más o menos fiable. De esa forma, los argumentos serán mucho más sólidos.
Eso está bien, chicos, un poco de animación.
Personalmente, no tengo claro de dónde vienen tantos males. Tal vez las saturnalias eran reflejo de un ansia de derroche que está en nuestra naturaleza (no sé de ningún sistema con pretensiones solidarias que se haya impuesto en una sociedad amplia por métodos democráticos… tal vez seamos capitalistas de nacimiento).
Respecto a esto, os recomiendo acercaros al antropólogo Marvin Harris, en particular su “Vacas, Cerdos, Guerras y Brujas“.
Y ya que me he puesto cultureta, aporto también la idea de Adam Smith, aquel economista escocés de finales del XVIII que de algún modo iluminó las conclusiones de Darwin. Smith hablaba de la “mano invisible” que hace que las cosas funcionen sin que nadie las dirija. El bien común se consigue por la suma de nuestros mezquinos y pequeñitos intereses. Impulsamos una economía sin querer mientras peleamos por nuestro propio mejorestar.
Creo que puede servir para explicar por qué nuestro consumismo puede ser beneficioso. El argumento de dar trabajo / contribuir a países emergentes no funciona a escala personal.
Y desde luego no estoy por mantener los puestos de trabajo de narcotraficantes, chuloputas, investigadores/fabricantes/traficantes de armas… ojalá desaparecieran esos comercios.
Me recuerda al viejo truco del que ensucia la calle y se excusa diciendo que “hay que dar trabajo a los barrenderos…” Cada vez que lo oigo me quedo pensando en que quien lo dice también podría dar trabajo a los psiquiatras… o a los taxidermistas, ya puestos.
Pues eso, que me gusta esta animación borreguilla.
Muy interesante el dato de Josal sobre la Saturnalia. Evidentemente, la gente no hace las cosas por amor al prójimo, sino por amor propio, como muy acertadamente apunta Sinclair citando a la mano invisible de Adam Smith en su mítico libro de “La riqueza de las naciones”.
Es decir, no pretendía justificar el consumo porque cause bien a los chinos, sólo quería que no se demonizase el consumismo sin más ni más.
Josal, estoy de acuerdo contigo en la actitud borreguil de la mayoría de nosotros en estas fechas en lo que respecta al
consumo obligado de productos absurdos. Es al fin y al cabo, la misma falta de personalidad de la que hablabas en el artículo sobre la juventud y sus formas de diversión. La raíz del problema, creo, es la misma: escaso uso de la razón y menor uso aun de reacción en función de los resultados de ese raciocinio.
Yo me encuentro entre esos que son conscientes de esta estupidez pero que se deja llevar por la corriente.
Me apunto el libro de Marvin Harris en mi lista de libros pendientes para comprar.
Por cierto, me parece genial estos apuntes “culturetas”, que lejos de ser pedantes enriquecen el debate y nos aportan algunas respuestas para el Trivial Pursuit.
Sinclair, he añadido el enlace que me pedías modificando tu propio comentario (con tu permiso!). En breve haré una guía de estilo para añadir enlaces, remarcar ideas con negritas y cursivas, hacer listas, etc. Lo añado a la lista de cosas por hacer, porque es necesario.
Y volviendo al tema, chicos, yo sólo digo que para dejar de ser borrego hay que pasar casi obligatoriamente por ser un poco cultureta, así que vamos por el buen camino. De otra forma, no habría argumentos para alejarnos un poco del gran rebaño, ¿no creéis? Interesante el libro de Harris, aquí tenéis las ideas que desarrolla un poco más explicadas. ¿De Adam Smith recomendáis algún libro o artículo no demasiado extenso?
Insisto en que la idea del blog es argumentar las cosas con datos. Se pueden dar opiniones basadas en las experiencias personales, por supuesto, o exponer puntos de vista subjetivos sin aportar ninguna referencia ni nada. Todo es válido. Pero no debemos olvidar que si damos una cifra sobre la que hacemos una argumentación, la idea coge mucha más fuerza si se aporta también la fuente. Esto es innegable. Como dice el título del blog, “porque una opinión debe tener sus fundamentos”. Miguel, Marian, ejemmmm…
Las cosas de citar de memoria y al tuntún. Al revisar, me doy cuenta de que el apunte cultureta que quise hacer no es el de “Vacas, cerdos…”, sino otro libro de Harris que habla sobre los jefes, en el que hay una argumentación que podría ayudar a explicar el origen de nuestra ansia consumista.
Se trata de “Jefes, Cabecillas y Abusones” (este Marvin es muy ingenioso a la hora de titular sus libros).
Hale.
Por lo visto, esto es lo que comenta el libro de Harris:
“¿Por qué consumimos de forma tan conspicua?
El intercambio, la exhibición y la destrucción conspicuas de objetos de valor son simples estrategias de base cultural para alcanzar y proteger el poder y la riqueza.
En la época preindustrial los objetos suntuarios funcionaban como proclamas, anuncios para captar la atención y advertirles de su poder. ”
En definitiva, dice que consumimos para mostrar nuestro estatus social. Eso es cierto, el que consume es porque se lo puede permitir y además mucha gente lo hace para presumir de ello y demostrar que son “guays”. A otra gente eso le da igual. Pero la idea del post era el por qué del consumismo en Navidad (y fiestas comerciales del calendario), no en general. Por mi experiencia, parece que el que no recibe/da regalos, el que no se empanzona de comilonas, el que no brinda con la gente, es como si no tuviera seres queridos o no tuviera una familia en condiciones. Aunque todos sabemos que no tiene nada que ver y es absurdo regalarse montones de cosas de golpe (muchas innecesarias), y más cuando unos días después se encuentran más baratas en las rebajas.
Mi opinión de todo esto es que no nos podemos salir del círculo consumista, porque somos parte de él y lo necesitamos para vivir. Sin embargo, una vez aceptado esto, debemos discernir qué es supérfluo y con qué estamos siendo manipulados de forma explícita, y no dejarse llevar por el sendero fácil de “como puedo hacerlo y es lo que hay que hacer, pues lo hago”. En concreto, las fechas navideñas, la semana santa, el día de todos los santos, san valentín, el día del padre o de la madre, y todas las fiestas del calendario que merecen un regalito a alguien, son una excusa para reunirse con tus seres queridos y hacer algo especial, ya que es cuando el calendario laboral nos lo permite (para los estudiantes es al revés, es época de estudio, prometo hacer otra entrada no sólo navideña que tengo a medias). Eso está genial, esos días tienen su utilidad, y hay que adaptarse a lo que está establecido siempre y cuando no sea demasiado malo. Pero de ahí a tener que comprar para demostrar algo, comer hasta rebosar porque si no no se pasan unas buenas fiestas, y a precios desorbitados, rotundamente no. Abogo por regalos tipo “vale por 50 euros en rebajas dentro de unos días”. Y si es que se quiere ser detallista con la gente, pues no hace falta serlo sólo durante esos días. Así pues, abogo también por los regalitos sorpresa en días normales sin razón alguna prestablecida. Yo creo que hasta hacen más ilusión porque son inesperados…
Hola a todos… Veo que la cosa se anima, y como éste es un tema en el que suelo discrepar con la gente, y dado que me va la guerra, me he decidido a escribir.
Personalmente, me gusta la Navidad. Sé que es una afirmación que va en contra de la corriente actual, en la cuál todo el mundo tiende a refunfuñar y a quejarse, cuando no a recordar las cosas por las que estas fechas le resultan tristes.
A mí sólo me traen alegría y felicidad. Me gusta ver cómo la gente, por una vez al año, se desea felicidad, se reúne con familia en torno a una mesa, y se hacen regalos. Que hay consumismo excesivo en estas fechas? Indudablemente! Y qué? Por qué no? Debemos siempre atenernos a lo justo, lo comedido, lo que dicta la razón? Yo creo que no. Si viene mi familia a casa, creo que tengo todo el derecho del mundo a hacer un gasto extra y agasajarles con productos exquisitos, o más caros, y tirar la casa por la ventana con un buen y caro vino, y ponerles después una copa del mejor whiskey. O no? Y si se acerca el día de Reyes, por qué no voy a regalarle a mi hermana esa sortija que siempre ha querido y que se ha resistido a comprar, o no voy a dar el capricho a mi hermano de esa consola de juegos que objetivamente no necesita pero que subjetivamente le hace tanta ilusión y le va a dar tantas horas de satisfacción?
No sólo se vive con los dictados de la cabeza. Si así fuera, efectivamente regalaríamos a nuestras novias un “vale por 50 euros para lo que necesites en época de rebajas”. Y por qué razón entonces nuestra novia nos odiaría profundamente desde ese momento? Porque no se trata de algo regalado con sentimiento, porque no es un capricho, porque no es una ofrenda de corazón por el mero hecho de que hoy es hoy y te regalo esto que quizá no sirva para otra cosa salvo para darte un instante de felicidad.
Siempre se critican días como los de Reyes, o el día de San Valentín, o el día del Padre o de la Madre por el abusivo consumismo absurdo. Absurdo? Yo creo que no. La típica frase de “por qué tiene que ser ese día y no cualquier otro” encierra parte de razón, pero otra de realidad oculta. Y es que otro día NO se regala nada. Esa es la realidad. Estos días sirven para fijar una fecha, un punto en el que, por costumbre, por historia, o por lo que sea, se regalan cosas. Y la mayoría de ellas puede que sean superfluas… y? Mientras estén hechas con el corazón, con ganas de que la otra persona sea un poquito más feliz, ya tienen sentido.
Si sólo se regalasen cosas desde la razón, se regalarían habitualmente cepillos de dientes eléctricos, depiladoras, vales de gasolina y muchas otras cosas útiles pero sin encanto. Y no colgantes, relojes, perfumes o fines de semana en un crucero. La realidad es que lo que gusta es que te regalen lo que tú mismo no llegas a atreverte a comprar. Es un hecho. Y por ello tu alegría y satisfacción al recibirlo.
Todo esto es mi opinión, claro está… pero creo que es bastante realista. No tengo libros ni artículos ni gurús que apoyen mi teoría ni que me permitan incluir aquí un link… pero por qué Marvin Harris (o cualquier otro) va a tener más razón que yo?
En muchas ocasiones, profundos estudiosos de un tema, con teorías perfectamente sólidas, son posteriormente ninguneados y sus teorías completamente rebatidas. Una cosa son los datos objetivos, que efectivamente crean conocimiento, y otra las teorías o pensamientos de alguien, que no han de ser tomados como verdad absoluta.
Doy por último la enhorabuena a los creadores de este reducto de pensamiento y de cultura que es vuestro blog, principalmente por apoyar el uso de la razón y el diálogo en una sociedad cada vez más inculta, peor educada y donde no se premia el conocimiento ni el esfuerzo personal. Intentaré aportar mi granito de arena. Ánimo!!!
Muy buenas, Sir Charles! Estoy ampliamente ilusionado por tenerte entre nosotros y contar con tu punto de vista, siempre fresco, original y normalmente poco convencional, por lo que yo conozco. Siéntete bienvenido siempre a éste, tu rincón.
Me ha encantado leer tu reflexión, y en cierta manera la comparto. Has expuesto claramente tus ideas, y aunque no hayas aportado enlaces ni referencias, es totalmente válida (por supuesto!!), ya que te basas en tu experiencia personal, única e irrepetible. Y yo creo que mucha gente pensamos como tú respecto a lo especial de hacer regalos y la oportunidad de hacer sentir bien a los demás con algo que habitualmente no pueden permitirse o que nunca se le ocurriría comprarse. Y todo aunque sea en fechas marcadas por la sociedad actual y el ritmo de vida que llevamos, y aunque parezcamos todos unos auténticos borregos haciendo lo mismo. Lo triste, lo que me preocupa, y hacia donde se dirige la crítica principal del artículo, es que existe una inmensa masa de personas (a la que me alegro que no pertenezcas) que se sienten obligadas de forma absurda a comprar regalos, a preparar grandes banquetes, a emborracharse hasta perder el sentido, a quedar con la gente que ve poco el resto del año, sólamente porque es lo que toca, porque es lo que marca la sociedad, no porque lo sientan, porque parece que si no lo hacen, no han disfrutado de las Navidades. Y es en ese grupo, espantosamente grande según mi punto de vista, en el que se ceba precisamente la voraz sociedad capitalista en la que vivimos. Es decir, mi opinión es, si consumes, hazlo porque quieras hacerlo, no te dejes llevar por la corriente prefijada de antemano. Sin embargo, soy consciente, todos estamos metidos hasta el cuello en la corriente. Sin embargo, aún en ella, ojalá al menos pensáramos más a menudo cuando sacáramos la tarjeta de crédito sobre si estamos haciendo lo que realmente queremos y si merece la pena hacerlo. Es un llamamiento a la racionalidad. A partir de ahí, que cada uno haga lo que crea conveniente.
No dudo de que, aunque sea virtualmente, el contacto no se perderá, sir. Aquí estaremos. Un abrazo.
Hola a tod@s!
Me llamo Eli, hacía tiempo que no desborregeaba un poco!
Y realmente este debate es suuuper interesante! Estoy de acuerdo con muchas de las cosas que comentais todos. Y leyendo el artículo de Jose y los comentarios me habeis hecho pensar en un concepto que leí en un artículo: RELIGIÓN CIVIL (Larrinaga, Irkus; “Deliberación política y religión civil: una aproximación conceptual”). Lo podeis encontrar en internet.
Al revés, estoy totalmente de acuerdo con el comentario de Sir Charles en relación a los regalos. Personalmente me hace feilz regalar cosas porque lo deseo, para hacer feliz a otras personas a las que quiero. Pero, como dice Jose, la crítica viene a ser cuando este “hacer regalos” o “estar en familia” pasa a ser una obligación “porque es lo que toca este día en concreto”. Es lo mismos que el Día del Padre, o San Valentín … aquí discrepo con Sir Charles. Son celebraciones de un gran interés a nivel comercial, porque dan una excusa y generan una presión para que la gente compre. Pero personalmente pienso que el día del padre, o de los enamorados es cada día del año. O así me gusta vivirlo personalmente. Y quiero demostrarlo, y hacer regalos cuando encuentre un regalo que me guste y qe me haga ilusión regalar. No “cuando toca”. No cuando me dicen que tengo que hacerlo. Lo que pasa es que una cosa es el origen de estas prácticas (si tiene un interés comercial o no) y otra cosa es cómo cada persona lo vive. Y es absolutamente legítimo que una persona viva estos días de forma especial. Claro que sí!Però mira… a mi me pasa lo contrario. La presión que siento para hacer regalos en días concretos… me hace no encontrar nada que me guste para regalar! :-S
El concepto en si hace referencia a todas las prácticas sociales que, sin tener un contenido religiosos en si mismas, terminan por estructurarse y prácticarse de forma religiosa. Esto significa que las practicas de “ritualizan”, se venera algun elemento simbólico que legitima un modelo cultural. Con el concepto de religión civil no me refiero a la Navidad en si misma, que obviamente tiene un carácter religioso cristiano… lo he relacionado más bien con las prácticas que se han ido desarrollando y consolidando a su alrededor. Los regalos, el “estar en familia”, la frase tan típica de que no te enfades o no estés triste porque es Navidad…. Estas prácticas se han “ritualizado” hasta tal punto que actuar de forma distinta puede afectar mucho a nivel sentimental a algunos familiares. Porque a menudo, el no querer participar (porque no te sientes feliz en aquel momento, porque no tienes pasta…. ) se vive en la familia como si estuvieses rompiendo o faltando a un deber moral y ético básico para la unión familiar…. !!!
Con esto no digo que esté en contra de hacer regalos, de estar en familia, de ser feliz… nooooo!
Ah! Sólo para ejemplificar, el concepto de religión civil se utiliza a veces para hablar de política, para ideologías como el capitalismo, el comunismo, nacionalismos y hasta para hablar por ejemplo de las prácticas de fans y seguidores de futbol, etc.
Aprovecho también para felicitar la iniciativa de este blogg!!!!
Eli