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Archive for the ‘Desborregamiento bajo’ Category

Después de un montón de tiempo sin escribir, vamos a retomar la actividad, porque escribir siempre reconforta, obliga a buscar explicaciones a las cosas y siempre es bueno compartirlas y discutirlas. Ese sigue siendo el objetivo de este blog, no lo olvidéis.

Recientemente he hecho un viaje a Londres. Conocía la ciudad, pero en este caso he estado 15 días recibiendo unas clases de inmersión de inglés por las mañanas y por las tardes había que aprovechar para exprimir la ciudad al máximo. Recomiendo la experiencia y este tipo de turismo combinado a todo el mundo, y más cuando el inglés es algo tan básico y tan penoso en España. Quería hacer unas reflexiones después de este viaje:

  • Go and return. El transporte es de por sí caro en Londres. Hay que estar avispado e informado para no tirar el dinero innecesariamente. Lo mejor es comprar una tarjeta ya sea travelcard o oyster. Pero lo que me motiva a escribir aquí es que soy incapaz de comprender cómo es posible que un billete de ida y vuelta pueda costar menos que uno de sólo ida. Quería desde London Liverpool Street hasta Stansted Airport, salía por 20 libras, mientras que el de ida y vuelta sólo 15. Supongo que será una manera de sacar más dinero, ya que quizás la ruta del aeropuerto es casi siempre de sólo ida, pero… ¿no es un poco sin sentido? Debería haber un cartel: “compre billete ida y vuelta cuando quiera sólo ida, es más barato”…
  • Accommodation. No sé cómo funcionarán otras residencias de estudiantes, pero en la Donald Hunter House no pidáis dormir en una misma habitación más de una persona porque no es posible por motivos de seguridad. A primera vista dices, vale, no es del todo raro que tengan reglas, te adaptas y ya está. Todas las habitaciones son individuales, ya sean grandes o pequeñas, y todas valían lo mismo. Mi mujer y yo teníamos dos habitaciones individuales cada uno y había una habitación de las grandes al lado, completamente vacía. Lo que hicieron por lo bajinis es recomendarnos mover las dos camas a una misma habitación, pero claro, apenas quedaba espacio. Cuando planteamos cambiar una de las dos habitaciones por la otra más grande y mover allí la otra cama, la respuesta fue “no es posible cambiar de habitación a no ser que algo no funcione, esté sucio o haya problemas con los compañeros de los lados, es por motivos de seguridad”. Incomprensible…
  • Inglés en España. ¡¡Arriba los subtítulos y los profesores motivados!! Todos sabemos el nivel penoso que hay en España de forma habitual. La clase de inglés ha sido siempre una de las menos importantes y en las que el profesor pasaba de enseñar cosas interesantes, solo seguir el libro, hacer unos poquitos de ejercicios y ale, para casa. ¿Que hace que en otros países esto sea diferente? Hablando en las clases con rusos, italianos, rumanos, turcos…, ellos ven inglés desde que nacen, en la tele, en las pelis, en muchos sitios en la calle. Y los profesores y la sociedad en general son conscientes de su importancia. Lo maman. Y casi sin enterarte, lo tienes. ¿Algún día cambiará esto en España? Y nosotros discutiendo que si el catalán, que si el gallego… Otro sin sentido, ¿pero no es comunicarse lo más importante del lenguaje? Ese empeño por hacer las cosas más difíciles… ¿o es que cuando vayas a China vas a seguir hablando en bable porque naciste en las montañas y es tu cultura? Ah, que si fuera al revés es el chino el que debe aprender bable, muy bien, pero… ¿a que si fuera un proveedor de tu empresa buscariais un idioma intermedio para entenderos y olvidariais todo lo demás? A eso voy, el idioma está para comunicarse, qué poco me gusta todo lo que rodea este tema en estos nuestros días que nos ha tocado vivir.
  • Ryanair . Definitivamente, penoso. Vale, es más barato en muchos casos, pero la desinformación es total y la incertidumbre que te genera es muy grande. Cuando el 80% del embarque está ya realizado y la gente en sus sitios, hacen bajar a todos y se retrasa el vuelo una hora. Ninguna explicación. Al llegar a Barajas pregunto en Aena y me atiende un negrito muy majete, diciéndome “buah, de Ryanair olvídate de recibir indemnización alguna, esos se saltan las reglas a su antojo, puedes reclamar pero te digo por experiencia que no vas a sacar nada”. Además, la última vez que utilicé esta compañía me fijé según embarcaba en que el piloto tenía gafas, lo cual me lleva a pensar que quizás en el gremio es la que recoge todo lo que no quieren el resto de compañías. Quién sabe, pero… no desencaja del todo, ¿no?
  • Firma en las tarjetas de crédito. Pagué en todos los sitios con tarjeta de crédito, es lo más cómodo y no tiene comisión, al menos en mi banco. Bueno, pues allí me veo siempre mi tarjeta y mi DNI, para que comprueben el titular, como en España, y como es lógico. Pues lo extraño es que el DNI les daba igual y se fijaban en que en el dorso de la tarjeta hubiera una firma. Si no hay firma, no la admiten, porque no piden el DNI (al final les explicabas qué era eso del DNI y todos tragaron excepto en una librería en Oxford). Pero si es que la tarjeta la puede firmar cualquiera, señora! Qué te asegura que tenga un borratajo hecho ahí detrás?? Y ya con eso te quedas tranquilo? No lo entiendo…
  • Vivir en España. Los españoles somos vistos desde fuera como gente positiva, con ganas de hacer cosas, emprendedores, muy formados, y muy divertidos. Yo conozco a mucha gente así, pero todos sabemos que hay de todo en todos los lados. Sin embargo, cuando vuelves, siempre tengo la sensación de que en España se vive realmente bien. Esa es la grandeza de viajar, abre la mente, ves las cosas de otra forma y confirmas tu vida o te replanteas el siguiente paso. Me gustan las sociedades civilizadas y la inglesa es una de ellas. Cada día del viaje pensaba en tres o cuatro situaciones en las que en España hubiera sido de forma totalmente diferente: respeto en las horas punta en el metro, respeto con la inmigración ya que está completamente integrada, respeto en el tráfico, en la calle… Respeto en la convivencia, qué importante y qué diferente es en España. Nos llevan unos cuantos años de ventaja…
  • Aquí también hay sin sentidos, y muchos! El último fue el otro día. Compré un artículo deportivo en el sótano del Corte Inglés y luego subi al hipercor. Bien, pues a la entrada del hipercor me hicieron precintar la bolsa que había adquirido 5 minutos antes en el mismo establecimiento. Dices, bueno, es para que no me lleve nada dentro (y las señoras en sus bolsos?), o para que no contamine la comida (yo qué sé…). Vale. Pero es que lo más gracioso es que la persona que me lo precintó lo hizo a medias, y a los 10 segundos la bolsita se había roto y es como si no se hubiera hecho nada. De verdad es tan importante? Qué es lo que querían evitar? Y si es importante, por qué no aseguran que se cumpla de verdad??

Con esto, algunas cositas para que discutamos. Pronto, más. Que no faltan. Lo único que falta es el tiempo.

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Satan Claus nos requiere para demostrar a nuestros seres queridos nuestro amor con dinero La Navidad en la religión cristiana recuerda el nacimiento de Jesús en Belén. En la religión consumista se recuerda insistentemente y por todos los medios que como Jesús ha nacido y vienen los Reyes a verle, el mortal debe rascarse el bolsillo un poco más todavía para finalizar el año. Los reyes, el papá noel, el tió catalán, el amigo invisible y todos los personajes de esta época del año, todos vienen al pe$ebre de nuestros bolsillos sin que puedas evitarlo fácilmente, tal y como nos indica Satan Claus en la imagen: “quiero que gastes mucho para demostrar que amas a tu familia“. En esta secta, a la que pertenecemos la mayoría, el individuo es
libre de comprar en un principio, pero la presión social limita su libertad, de forma que si regalas cosas a los que te rodean, consigues pasar unas buenas fiestas. Porque es lo que hay que hacer. Porque es lo que hace todo el mundo. Porque es muy triste si no se hace, si no se está con tus seres queridos y no les demuestras tu cariño y admiración con tu bolsillo más ligero. Porque es Navidad. Aunque no necesiten esos regalos y la mitad de ellos no recuerde el año siguiente qué les regalaste.

Uy, pero con regalar cosas no basta. Un buen creyente debe cebarse cuando se junta con la familia, emborracharse cuando sale con los amigos y debe exigir en sus numerosos banquetes un abundante menú del que luego ha de tirarse la mitad para demostrar que la fiesta ha sido bien celebrada. Si no, es muy triste la Navidad. Pero lo más triste es que la Navidad la hacemos todos y cada uno de nosotros, año tras año. Pero, si fueramos menos borregos y más responsables a nivel individual, ¿cambiaría algo? ¿O es que por la cultura de los tiempos en los que nos ha tocado vivir, tenemos que acatarlo y participar sin rechistar? No es un asunto sencillo, pero desde luego dista un abismo de la idea inicial.

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Cuidado con lo que tocas… Para alternar entre temas extensos, intercalaremos temas más ligeros, situaciones, indignaciones… para dar vida al blog a la vez que se da tiempo a preparar los desborregamientos de temas anteriores (si es posible al final encontrar argumentos, si no, quedarán sin desborregar muy a nuestro pesar). Esta vez, algo que todos habréis vivido en alguna ocasión: la suciedad en los baños públicos es realmente indignante. Poco hay que
desborregar aquí, pero todos la sufrimos como buenos borregos. Aviso de que puede herir vuestra sensibilidad en algún momento, pero es la vida misma… En este caso, vamos a generalizar.

Comienza la historiaLas dos de la mañana. Después de salir del restaurante, te has metido con todos en El Cañaveral, a bailar un poco. Pero se te ha olvidado mear y estás que revientas, ¡qué bueno estaba el riberita! Te acercas al baño, que está al fondo. Después de pasar por la fila de chicas que esperan su turno, como siempre, entras en el de chicos. Nunca meas en los de pared, porque te da cosa, porque salpica y te pringas con lo del anterior. Y ves sus pelos más de cerca. ¡Y a saber qué tenía el tío! Aunque eso de apuntar a la mosca es divertido… Abres la puerta donde se encuentra la taza, asquerosa, como siempre. Tratas de cerrar la puerta, sin poder evitar rozar la taza con el pantalón, porque el sitio precisamente no sobra. Levantas la taza con el pie. Fallo. Segundo intento: ya está arriba, ya puedes soltar toda tu carga, para unirse con el resto de deshechos que se adivinan ahí dentro. Tu chorro cae haciendo un arco, salpicando con fuerza, como hicieron antes todos los demás. Las paredes, sucias, con garabatos, graffitis, con manchas de naturaleza indefinida y color sospechoso. Signos fálicos, insultos, fechas, números de teléfono, nombres. El olor, nauseabundo. Tus suelas de los zapatos, bien impregnadas de los restos de los que ahora bailan fuera. Sí, para luego pisar bien la alfombra de casa. A los ácaros seguro que les da igual, pero ya tiende a gris por mucho que se lave. Tu bienestar aumenta a medida que te vacías. Los bichos del anuncio de Harpic están relamiéndose, se les hace la boca agua, casi eres capaz de verlos asomando su cabecita verde con cara de salidos. Esto es un semillero. Te subes la bragueta y buscas la forma de tirar de la cadena. Crees que eres el primero en mucho tiempo que va a hacerlo. Después, inclinándote sobre el conocido señor Roca, como al entrar, tratas de abrir la puerta para salir. Sí que han aprovechado el sitio, ¡vaya! Otro roce, que nos regala cariñosamente otra mancha bien nutrida para el vaquero. Piensas que allí sería imposible hacer aguas mayores, por el espacio, por la suciedad… y por el chof… uyuyuyuyuy, alarma! Y de repente, piensas que las chicas son muy valientes, muy valientes. Qué fácil lo tenemos y qué atrevidas son ellas. O eso, o el baño de chicas está más limpio por no tener que apuntar. Para otro día me cuelo, pero anda, que con tal de no esperar esa cola y que además te miren mal… Tratas de lavarte las manos, pensando en que Torrente era muy sabio (me ha costado decir esto) y que tenías que haberlo hecho antes de entrar, aunque sea por razones diferentes a las suyas. Y es que has tocado varios pomos de puertas antes de evacuar. Y casi otros tantos después, aparte de tirar de la cadena. Te das cuenta de que todo el mundo (de entre los que se lavan las manos, que esa es otra) ha tocado el pulsador del grifo después de desalojar, con lo que la concentración de bichitos y suciedad de origen púbico (como poco) también allí se multiplica. Menos mal que tocas el botón del único secador que hay con el codo. Así no coges microorganismos en tus manos recién lavadas, pero… piensas que ¡ahora mismo los tienes en el codo! ¡Por qué no habrán puesto de esos modernos que se activan solos! El último obstáculo es la puerta de fuera. Otras veces está abierta, otras entornada, lista para que la muevas con el pie, otras es de ambos sentidos… Hoy está cerrada. Y es de las de para adentro. Esperas a ver si abre alguien. Te va a tocar hacerlo si quieres dejar de oler aquello por fin. Vámonos. Tu mano sucia, hermanada con las manos de los que te rodean. Ahmmmm, y qué bien huele el humo del tabaco. ¡Qué rico! ¡Nunca te hubieras imaginado que apestar a humo sería tan delicioso!

La historia ha terminado

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Tipico botellón de atardecer primaveral Para estrenar el blog, vamos a comenzar por una situación, llevada al extremo, que reúne algunos ejemplos de influencias, malas y buenas, que la juventud de hoy en día recibe en muchos casos. El origen de estas influencias está tanto en la familia como en la sociedad y deben ser sintonizadas con sus
propios criterios, aún inmaduros. Hay muchos temas que sacamos a la palestra de golpe, pero todos ellos juntos caracterizan de forma general a la juventud de los tiempos que nos ha tocado vivir. Existen aspectos que se mantienen entre distintos entornos, familias, ciudades… aunque, menos mal, cada caso será diferente y tendrá sus peculiaridades. Sin embargo, son comunes en los lugares donde yo he vivido, entrando en contacto con gente diferente. Las causas de estas tendencias en masa es lo que es preciso ahora desborregar, aportando datos estadísticos, sociológicos… y, cómo no, opiniones subjetivas y casos prácticos. Con todo, se trata de demostrar que es una realidad, con la cual no es necesario contribuir y, menos todavía, cuando no se actúa de otra forma que dejándose arrastrar por el gran rebaño de borregos que nos rodea.

Comienza la historia¡Mamá, sácala tú! No quiero sacar a Jenny a pasear ahí al parque, ni aunque sea dos minutos, no vaya a ser que alguien me vea. Es que los compañeros de clase luego se ríen de mí y me llaman mariquita, ya te lo he dicho. Me dicen que la chaqueta rosa que le has puesto estos últimos días me pega mucho y se lo cuentan a los demás. Y luego no me hacen ni caso. Además, mamá, luego llega el Sábado y casi todos se emborrachan. Como a mi me da miedo hacerlo, no me meten en las conversaciones y me apartan. Dicen que así es como se es mayor, que es lo que hacen los demás. Cuando vamos de botellón, tengo que poner diez euros como todos, pero lo único que hago es inflarme a cocacolas, porque no me gusta el whisky. Jo, y el otro día conocimos a un grupo de chicas y cuando llegó el Lunes lo contamos en clase. A mí no me sale decir de ellas tantas guarradas como a ellos, y como estaba callado, me dejaban ahí a un lado, y alguno me miraba como diciendo ‘éste es un poco rarito’. El Trufi estuvo con una, era muy guapa, y nos contó cosas que le hizo. Si algún día alguien se fijara en mí… eso y otras muchas cosas serían sólo para mí, sería tan especial… Luego, en el recreo, no voy con ellos al servicio, no entiendo qué encuentran en los porros, se creen más guays por fumar. Y jobar, mamá, no quiero llevar pantalones de esos del Carrefour que me compras. Ya sabes que esos marrón oscuro me gustan mucho, pero me dicen que si me los has comprado en el mercadillo, que si no tienes más dinero para comprarme algo mejor. También me dicen que si no tengo nada mejor que hacer que salir con el abuelo por la tarde a dar un paseo, que claro, que como no me has comprado la Play… Por más que insistas cada vez en que me puede enseñar muchas cosas, y que está muy orgulloso de mí, no cuenta más que sus batallitas, y cuando digo lo que hice la tarde anterior, no paran de hacer burlas y reírse de mí… Y como me apuntaste al conservatorio a tocar el clarinete, pues otro tema más para dejarme en ridículo… ¡ya no puedo más! Mamá, soy raro, y ¡tú me has hecho que sea así! ¡Te odio! ¡Déjame en paz! ¡No quiero ni verte! Porque a todos les preparan la mochila para el día siguiente y tú no me lo haces. ¡Si es que no me quieres! Todos llevan los libros forrados y tú desde el año pasado ya no me los forras. Dices que así aprendo, pero lo único que quieres es no hacerlo tú. ¿Te crees que soy tonto? Si has tenido un hijo es para cuidarlo, mamá, y si no, haberlo pensado antes. No te voy a ayudar a nada a partir de ahora, porque ninguno de mis amigos recoge el lavaplatos después de comer, ni pasa el aspirador a su habitación, y sus madres se preocupan de que duerman en una cama bien hecha, no como tú, que no te importo nada. Yo ya soy mayor, ya no soy el niñito de mamá, como me dice el Pepo. A él sí que le quieren, y además se van a ir de vacaciones a Ibiza todo el mes de Agosto, y nosotros ahí con los tíos todo el verano en Teruel. Menudo rollo, ahí, con el primo Ángel y la primita Clara. Allí no hay nada que hacer, y voy a perder otro verano más sin hacer nada. Y te he dicho mil veces que no quiero ir de campamento, ahí sólo van niños raros a andar por la montaña y a cargar con la mochila. Ya verás luego cuando se acabe el verano, llegarán todos morenos a clase y contando sus borracheras y las chicas que se han ligado, mientras que yo lo único que habré hecho es ayudar a papá a cortar el césped, como todos los años, e ir en bici con Petra. Como es la pequeña, todavía no sabe nada de qué va la vida, pero ya verás cuando crezca. Y te quejas de mí ahora. Mamá, estoy cansado de esta vida, estoy deseando terminar de estudiar, cumplir los dieciocho y marcharme de casa para hacer lo que me dé la gana y que me dejes en paz de una vez. Aunque mejor dicho, me quedo, así me aprovecho de tí y de paso apechugas por haberme tenido. No me extraña que papá ni te aguante. ¡Si es que siempre hay que hacer lo que tú digas! No le dejas ni que vaya a 140 con el coche cuando vamos a ver a la abuela. Ni siquiera ver el fútbol en casa. Si por él fuera, ya tendría un ordenador portátil para jugar en red. Él sí que me quiere y tú… ¡tú no tienes ni idea de cómo es la vida!

La historia ha terminado

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