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Archive for the ‘Desborregamiento medio’ Category

carro supermercado Asúmelo: al meterte en el súper entras en una red de canalizaciones que te tratará como a un fluido. Un fluido con crédito. Y no creas que te facilitará el camino entre A (la entrada) y B (la salida, previo paso por caja). Al contrario, el interés del diseño de un supermercado es promover la circulación más complicada
posible dentro de lo que permitan las normas de evacuación. Por eso rara vez verás un pasillo largo y despejado al fondo del cual se adivine la línea de cajas. Por eso las escaleras mecánicas de subida están lejos de la entrada, y en cada piso tienen una barrera que no te permite girar inmediatamente hasta el siguiente tramo, te obligan a entrar un poco más en la planta con la esperanza de que algo llame tu atención antes de que sigas subiendo.

Si sólo entraste a comprar pan, éste está situado en el extremo opuesto del local, lo que te supondrá recorrer los pasillos y ver cientos de productos antes de llegar a él. Esta tendencia tiene su contrario: ubicar panadería y productos frescos justo a la entrada, donde el olor a pan recién hecho nos hace pensar que todo es fresco.

El supermercado tiene que atraer tu mirada como sea. Los reponedores reciben instrucciones concretas de cómo situar los productos en la estantería (llamada lineal), y el diseñador del envase juega con ello. Casi todo vale con tal de llamar tu atención. He llegado a ver cómo se planteaba seriamente incluir lucecitas intermitentes en un paquete para que no escapara a tu mirada.

Hay fabricantes que pagan por ubicar su producto en el lineal a la altura de los ojos, sobre todo si se trata de un lanzamiento, algo nuevo que necesita promocionarse. En este caso, convendrá que a la izquierda de ese nuevo producto haya una marca conocida.

Las cabeceras de los lineales son también espacios privilegiados, más visibles y despejados.

Se dice que los carros están trucados para que tiendan a girar hacia la izquierda, lo que te obliga a usar esa mano para conducirlo y dejar libre la derecha, que es la que va cogiendo la compra. Creo que esto puede ser otra leyenda urbana.

Lo que sí es cierto es que se utilizan distintas tonalidades de luz, las carnes y pescados parecen más frescos bajo focos tenues, mientras que fruta y verdura se someten a una iluminación potente. La zona de bebidas alcohólicas queda más apagada, y no es para proteger a los vinos, sino para dar ambiente.

Si estás acostumbrado a leer bien los precios (en ese caso es posible que seas mujer: los hombres –hablo de términos medios– compramos más alocadamente) sabrás que el marcaje obliga a informar del precio unitario. Así descubres que en Mercadona un huevo comprado por docenas cuesta 4 céntimos menos que si lo compras por medias docenas. Pero normalmente la ganga funciona al revés: el 2×1 no siempre es mejor que el 1+1.

Cuando crees que todo ha terminado aún hay expositores para caprichos de última hora junto a las cajas. Allí están los productos de impulso: las pilas y maquinillas de afeitar que se nos olvidan, y las golosinas de las que se encaprichará tu niño mientras esperas la cola.

Se ha calculado que hasta el 70% de la compra que hay en tu carro cuando pasas por caja no la tenías prevista al entrar. Es lógico que el centro haga lo posible por ayudarte a comprar lo que no imaginabas, pero la próxima vez que entres en el súper… recuerda que te están pastoreando.

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Botellón entre amigos Dando un paso más en uno de los temas más amplios de los propuestos hasta ahora, “la juventud, la familia y la sociedad“, he encontrado un artículo publicado en deusto en el cual se hace un estudio de la relación que existe entre jóvenes drogodependientes y la unidad familiar. Y es que parece que es más probable que si en el seno familiar existen problemas, el chaval se aproxime a estos malos hábitos. No habla de más factores, pero estoy seguro de que es un fenómeno mucho más complejo, aunque identifica esta razón como de peso.

También he encontrado que Izquierda Unida está a favor de los botellones organizados para jóvenes, con contenedores, baños públicos y zonas reservadas, frente a lo cual, una gran mayoría está a favor según esta encuesta. Lo cierto es que muchos problemas como el ruido y la suciedad estarían controlados, mejorando también el precio para los consumidores y, sorprendentemente a la vez, la calidad de las bebidas. Pero, ¿no habría que atacar a la raíz del problema mostrando los efectos que produce en el cuerpo el consumo habitual y prolongado (esto lo abordaremos con mucha más profundidad)? A todos nos gusta la fiesta, pero se puede confundir una cosa con la otra, pudiendo llegar a no pasar sin la dosis semanal. No hay que pasarse el día en casa para no beber como hacen todos como hábito, o aburrirse. Es que sé que parece que si no sales de fiesta un sábado, no has salido, no has aprovechado el tiempo. Eso lo hemos vivido todos. Pero hay muchas alternativas, pero que sólo se ven cuando llegas a ver que no lo necesitas y que estás mejor sin ello, aunque de vez en cuando haya que reunir a tus amigos para hacer cualquier celebración. Quizás si el presupuesto de la noche blanca de Madrid se distribuyera más homogéneamente a lo largo del año, no se vería como algo excepcional dedicar un sábado a hacer algo distinto a lo de todo el mundo.

 Es otro tema muy complejo de los muchos referidos de sopetón en el primer post, pero a lo que voy es que la gente lo hace, muchas veces, porque es algo aceptado socialmente, porque los demás lo hacen, sin que se piense, por inercia, una vez más, como borregos. Y no es ninguna bobada, en este gráfico se muestra el consumo de drogas entre 14 y 18 años en Europa el año pasado, y el alcohol es algo de lo más normal: más de la mitad de los encuestados consumió alcohol en los últimos 30 días. Pero es que un porrete, un cigarrito, un tripi, quizás una rallita, luego un… Yo me alarmo, aunque también desconfío un poco de las fuentes de las estadísticas en general, porque pueden ser parciales o partidistas. Lo que está claro es que hay muchos intereses también por detrás, y España es conocida por la fiesta, y también por ser el segundo país de la UE que tiene más bares por habitante (1 por cada 129 personas), sólo superado por Chipre.

La vida está para disfrutarla, pero cada uno tiene que encontrar dónde está su bienestar, su objetivo en la vida, lo que realmente le gusta, su ilusión por despertarse cada día. Y normalmente cuando se alcanza, es más gratificante que ser dependiente de algo, y más si te lo impone la sociedad y lo incorporas a tu vida sin pensar la razón.

Comienza la historiaCaminante, no hay camino, se hace camino al andar…La historia ha terminado

Letra: Antonio Machado.

 Música: J. M. Serrat.

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Mira el reverso de tu tarjeta… Otro tema que sufrimos todos como borregos: los servicios de atención al cliente de los bancos. No necesitamos seguir padeciendo… al menos pagando, que no es poco. El relato es de un banco de los denominados online, pero la moraleja se puede extender a todos los centros de atención al cliente, ya que todos tienen un número de fuera de la red inteligente. Merece la pena. Gracias Mardito por la extensa lista.

Comienza la historiaVes en la tele una cuenta corriente con un 4% de interés. Cuando llega tu mujer a casa, le planteas que es posible cambiar la domiciliación de los recibos y la nómina a esta cuenta nueva, que te regala además una tarjeta de crédito. Todo ilusionado, llamas al 902/901 que indican en la publicidad (llamada nº1). En una semana tienes los papeles en casa para rellenar. Tienes alguna duda, y quieres resolverla antes de firmar todo (llamada nº2). Pasan los días y no llega nada. Con la curiosidad de saber si algo hiciste mal, vuelves a llamar (llamada nº3) para ver si tienen mal tu dirección o algo. Por lo visto, Correos tiene la culpa de que no te haya llegado la tarjeta. Tócate. —Si es que Correos… anda, si es la excusa que siempre se pone, pringao! Para otra vez le pido el localizador de envío para ver dónde está mi carta—. Nada, a esperar si llega. Pasa el tiempo y nada. Otro día más… y ahí está. Menos mal. Ahora tengo que activar la tarjeta y dar de alta el servicio de banca telefónica (llamada nº4). —Ya podemos pagar, cariño, es que estas cosas son así…— Pero… y lo de online? Te metes en la página web, ves que hace falta el pin del cajero para activar las operaciones en la ‘oficina virtual’. —Cariño, no ha llegado nada, verdad?— Esperas unos días para ver si es que estaba de camino. Al final, llamas de nuevo para ver qué ha pasado (llamada nº5). Tras otros pocos días más, ahí está el dichoso pin. Todo tuyo, ya está todo arreglado. Seguro? La sensación es algo extraña.

(varios meses después)

A lo largo de la vida de la tarjeta y su cuenta asociada, has hecho transferencias que quieres comprobar cuando no hay internet, has contratado productos cuyo extracto no aparece por defecto en la web (como depósitos o tarjetas de crédito), has cancelado recibos, has operado por teléfono porque no tenías ordenador, te has informado de un producto porque con la web no te queda claro, etc, etc. Esto ha vuelto a ocasionar una llamada al 902/901. Con lo cual, además de tener un problema, debes pagar por tenerlo. —Pero bueno… al menos te lo solucionan— De eso nada. Un día, te da por inspeccionar la parte de atrás de una de tus tarjetas, y ves que contiene dos números de teléfono. El 902/901 que ya casi te sabes de memoria, y… uno para el extranjero, con prefijo de Madrid. —Cuando llame la próxima vez, llamo a éste—. Llegado el día, marcas el 91, como si estuvieras fuera de España, pero desde tu fijo de casa, sí, ese con el que las llamadas nacionales a fijos te salen gratis. Al ver que todo va bien y no han detectado tu intención, eres capaz de explicarle a la chica tu problema, tranquilamente, sin ponerte nervioso. —Espere un momento, no se retire, por favor—. Nada, ni eso es capaz de enervarte. Es otro mundo. Ahora, llamar al banco para que te arreglen algo puede salirte gratis, y también puede evitarte la cara de panolis al pagar 3 euros por una dichosa consulta.

La historia ha terminado

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