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Posts Tagged ‘botellón’

Botellón entre amigos Dando un paso más en uno de los temas más amplios de los propuestos hasta ahora, “la juventud, la familia y la sociedad“, he encontrado un artículo publicado en deusto en el cual se hace un estudio de la relación que existe entre jóvenes drogodependientes y la unidad familiar. Y es que parece que es más probable que si en el seno familiar existen problemas, el chaval se aproxime a estos malos hábitos. No habla de más factores, pero estoy seguro de que es un fenómeno mucho más complejo, aunque identifica esta razón como de peso.

También he encontrado que Izquierda Unida está a favor de los botellones organizados para jóvenes, con contenedores, baños públicos y zonas reservadas, frente a lo cual, una gran mayoría está a favor según esta encuesta. Lo cierto es que muchos problemas como el ruido y la suciedad estarían controlados, mejorando también el precio para los consumidores y, sorprendentemente a la vez, la calidad de las bebidas. Pero, ¿no habría que atacar a la raíz del problema mostrando los efectos que produce en el cuerpo el consumo habitual y prolongado (esto lo abordaremos con mucha más profundidad)? A todos nos gusta la fiesta, pero se puede confundir una cosa con la otra, pudiendo llegar a no pasar sin la dosis semanal. No hay que pasarse el día en casa para no beber como hacen todos como hábito, o aburrirse. Es que sé que parece que si no sales de fiesta un sábado, no has salido, no has aprovechado el tiempo. Eso lo hemos vivido todos. Pero hay muchas alternativas, pero que sólo se ven cuando llegas a ver que no lo necesitas y que estás mejor sin ello, aunque de vez en cuando haya que reunir a tus amigos para hacer cualquier celebración. Quizás si el presupuesto de la noche blanca de Madrid se distribuyera más homogéneamente a lo largo del año, no se vería como algo excepcional dedicar un sábado a hacer algo distinto a lo de todo el mundo.

 Es otro tema muy complejo de los muchos referidos de sopetón en el primer post, pero a lo que voy es que la gente lo hace, muchas veces, porque es algo aceptado socialmente, porque los demás lo hacen, sin que se piense, por inercia, una vez más, como borregos. Y no es ninguna bobada, en este gráfico se muestra el consumo de drogas entre 14 y 18 años en Europa el año pasado, y el alcohol es algo de lo más normal: más de la mitad de los encuestados consumió alcohol en los últimos 30 días. Pero es que un porrete, un cigarrito, un tripi, quizás una rallita, luego un… Yo me alarmo, aunque también desconfío un poco de las fuentes de las estadísticas en general, porque pueden ser parciales o partidistas. Lo que está claro es que hay muchos intereses también por detrás, y España es conocida por la fiesta, y también por ser el segundo país de la UE que tiene más bares por habitante (1 por cada 129 personas), sólo superado por Chipre.

La vida está para disfrutarla, pero cada uno tiene que encontrar dónde está su bienestar, su objetivo en la vida, lo que realmente le gusta, su ilusión por despertarse cada día. Y normalmente cuando se alcanza, es más gratificante que ser dependiente de algo, y más si te lo impone la sociedad y lo incorporas a tu vida sin pensar la razón.

Comienza la historiaCaminante, no hay camino, se hace camino al andar…La historia ha terminado

Letra: Antonio Machado.

 Música: J. M. Serrat.

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Tipico botellón de atardecer primaveral Para estrenar el blog, vamos a comenzar por una situación, llevada al extremo, que reúne algunos ejemplos de influencias, malas y buenas, que la juventud de hoy en día recibe en muchos casos. El origen de estas influencias está tanto en la familia como en la sociedad y deben ser sintonizadas con sus
propios criterios, aún inmaduros. Hay muchos temas que sacamos a la palestra de golpe, pero todos ellos juntos caracterizan de forma general a la juventud de los tiempos que nos ha tocado vivir. Existen aspectos que se mantienen entre distintos entornos, familias, ciudades… aunque, menos mal, cada caso será diferente y tendrá sus peculiaridades. Sin embargo, son comunes en los lugares donde yo he vivido, entrando en contacto con gente diferente. Las causas de estas tendencias en masa es lo que es preciso ahora desborregar, aportando datos estadísticos, sociológicos… y, cómo no, opiniones subjetivas y casos prácticos. Con todo, se trata de demostrar que es una realidad, con la cual no es necesario contribuir y, menos todavía, cuando no se actúa de otra forma que dejándose arrastrar por el gran rebaño de borregos que nos rodea.

Comienza la historia¡Mamá, sácala tú! No quiero sacar a Jenny a pasear ahí al parque, ni aunque sea dos minutos, no vaya a ser que alguien me vea. Es que los compañeros de clase luego se ríen de mí y me llaman mariquita, ya te lo he dicho. Me dicen que la chaqueta rosa que le has puesto estos últimos días me pega mucho y se lo cuentan a los demás. Y luego no me hacen ni caso. Además, mamá, luego llega el Sábado y casi todos se emborrachan. Como a mi me da miedo hacerlo, no me meten en las conversaciones y me apartan. Dicen que así es como se es mayor, que es lo que hacen los demás. Cuando vamos de botellón, tengo que poner diez euros como todos, pero lo único que hago es inflarme a cocacolas, porque no me gusta el whisky. Jo, y el otro día conocimos a un grupo de chicas y cuando llegó el Lunes lo contamos en clase. A mí no me sale decir de ellas tantas guarradas como a ellos, y como estaba callado, me dejaban ahí a un lado, y alguno me miraba como diciendo ‘éste es un poco rarito’. El Trufi estuvo con una, era muy guapa, y nos contó cosas que le hizo. Si algún día alguien se fijara en mí… eso y otras muchas cosas serían sólo para mí, sería tan especial… Luego, en el recreo, no voy con ellos al servicio, no entiendo qué encuentran en los porros, se creen más guays por fumar. Y jobar, mamá, no quiero llevar pantalones de esos del Carrefour que me compras. Ya sabes que esos marrón oscuro me gustan mucho, pero me dicen que si me los has comprado en el mercadillo, que si no tienes más dinero para comprarme algo mejor. También me dicen que si no tengo nada mejor que hacer que salir con el abuelo por la tarde a dar un paseo, que claro, que como no me has comprado la Play… Por más que insistas cada vez en que me puede enseñar muchas cosas, y que está muy orgulloso de mí, no cuenta más que sus batallitas, y cuando digo lo que hice la tarde anterior, no paran de hacer burlas y reírse de mí… Y como me apuntaste al conservatorio a tocar el clarinete, pues otro tema más para dejarme en ridículo… ¡ya no puedo más! Mamá, soy raro, y ¡tú me has hecho que sea así! ¡Te odio! ¡Déjame en paz! ¡No quiero ni verte! Porque a todos les preparan la mochila para el día siguiente y tú no me lo haces. ¡Si es que no me quieres! Todos llevan los libros forrados y tú desde el año pasado ya no me los forras. Dices que así aprendo, pero lo único que quieres es no hacerlo tú. ¿Te crees que soy tonto? Si has tenido un hijo es para cuidarlo, mamá, y si no, haberlo pensado antes. No te voy a ayudar a nada a partir de ahora, porque ninguno de mis amigos recoge el lavaplatos después de comer, ni pasa el aspirador a su habitación, y sus madres se preocupan de que duerman en una cama bien hecha, no como tú, que no te importo nada. Yo ya soy mayor, ya no soy el niñito de mamá, como me dice el Pepo. A él sí que le quieren, y además se van a ir de vacaciones a Ibiza todo el mes de Agosto, y nosotros ahí con los tíos todo el verano en Teruel. Menudo rollo, ahí, con el primo Ángel y la primita Clara. Allí no hay nada que hacer, y voy a perder otro verano más sin hacer nada. Y te he dicho mil veces que no quiero ir de campamento, ahí sólo van niños raros a andar por la montaña y a cargar con la mochila. Ya verás luego cuando se acabe el verano, llegarán todos morenos a clase y contando sus borracheras y las chicas que se han ligado, mientras que yo lo único que habré hecho es ayudar a papá a cortar el césped, como todos los años, e ir en bici con Petra. Como es la pequeña, todavía no sabe nada de qué va la vida, pero ya verás cuando crezca. Y te quejas de mí ahora. Mamá, estoy cansado de esta vida, estoy deseando terminar de estudiar, cumplir los dieciocho y marcharme de casa para hacer lo que me dé la gana y que me dejes en paz de una vez. Aunque mejor dicho, me quedo, así me aprovecho de tí y de paso apechugas por haberme tenido. No me extraña que papá ni te aguante. ¡Si es que siempre hay que hacer lo que tú digas! No le dejas ni que vaya a 140 con el coche cuando vamos a ver a la abuela. Ni siquiera ver el fútbol en casa. Si por él fuera, ya tendría un ordenador portátil para jugar en red. Él sí que me quiere y tú… ¡tú no tienes ni idea de cómo es la vida!

La historia ha terminado

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