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Posts Tagged ‘drogas sociales’

Tipico botellón de atardecer primaveral Para estrenar el blog, vamos a comenzar por una situación, llevada al extremo, que reúne algunos ejemplos de influencias, malas y buenas, que la juventud de hoy en día recibe en muchos casos. El origen de estas influencias está tanto en la familia como en la sociedad y deben ser sintonizadas con sus
propios criterios, aún inmaduros. Hay muchos temas que sacamos a la palestra de golpe, pero todos ellos juntos caracterizan de forma general a la juventud de los tiempos que nos ha tocado vivir. Existen aspectos que se mantienen entre distintos entornos, familias, ciudades… aunque, menos mal, cada caso será diferente y tendrá sus peculiaridades. Sin embargo, son comunes en los lugares donde yo he vivido, entrando en contacto con gente diferente. Las causas de estas tendencias en masa es lo que es preciso ahora desborregar, aportando datos estadísticos, sociológicos… y, cómo no, opiniones subjetivas y casos prácticos. Con todo, se trata de demostrar que es una realidad, con la cual no es necesario contribuir y, menos todavía, cuando no se actúa de otra forma que dejándose arrastrar por el gran rebaño de borregos que nos rodea.

Comienza la historia¡Mamá, sácala tú! No quiero sacar a Jenny a pasear ahí al parque, ni aunque sea dos minutos, no vaya a ser que alguien me vea. Es que los compañeros de clase luego se ríen de mí y me llaman mariquita, ya te lo he dicho. Me dicen que la chaqueta rosa que le has puesto estos últimos días me pega mucho y se lo cuentan a los demás. Y luego no me hacen ni caso. Además, mamá, luego llega el Sábado y casi todos se emborrachan. Como a mi me da miedo hacerlo, no me meten en las conversaciones y me apartan. Dicen que así es como se es mayor, que es lo que hacen los demás. Cuando vamos de botellón, tengo que poner diez euros como todos, pero lo único que hago es inflarme a cocacolas, porque no me gusta el whisky. Jo, y el otro día conocimos a un grupo de chicas y cuando llegó el Lunes lo contamos en clase. A mí no me sale decir de ellas tantas guarradas como a ellos, y como estaba callado, me dejaban ahí a un lado, y alguno me miraba como diciendo ‘éste es un poco rarito’. El Trufi estuvo con una, era muy guapa, y nos contó cosas que le hizo. Si algún día alguien se fijara en mí… eso y otras muchas cosas serían sólo para mí, sería tan especial… Luego, en el recreo, no voy con ellos al servicio, no entiendo qué encuentran en los porros, se creen más guays por fumar. Y jobar, mamá, no quiero llevar pantalones de esos del Carrefour que me compras. Ya sabes que esos marrón oscuro me gustan mucho, pero me dicen que si me los has comprado en el mercadillo, que si no tienes más dinero para comprarme algo mejor. También me dicen que si no tengo nada mejor que hacer que salir con el abuelo por la tarde a dar un paseo, que claro, que como no me has comprado la Play… Por más que insistas cada vez en que me puede enseñar muchas cosas, y que está muy orgulloso de mí, no cuenta más que sus batallitas, y cuando digo lo que hice la tarde anterior, no paran de hacer burlas y reírse de mí… Y como me apuntaste al conservatorio a tocar el clarinete, pues otro tema más para dejarme en ridículo… ¡ya no puedo más! Mamá, soy raro, y ¡tú me has hecho que sea así! ¡Te odio! ¡Déjame en paz! ¡No quiero ni verte! Porque a todos les preparan la mochila para el día siguiente y tú no me lo haces. ¡Si es que no me quieres! Todos llevan los libros forrados y tú desde el año pasado ya no me los forras. Dices que así aprendo, pero lo único que quieres es no hacerlo tú. ¿Te crees que soy tonto? Si has tenido un hijo es para cuidarlo, mamá, y si no, haberlo pensado antes. No te voy a ayudar a nada a partir de ahora, porque ninguno de mis amigos recoge el lavaplatos después de comer, ni pasa el aspirador a su habitación, y sus madres se preocupan de que duerman en una cama bien hecha, no como tú, que no te importo nada. Yo ya soy mayor, ya no soy el niñito de mamá, como me dice el Pepo. A él sí que le quieren, y además se van a ir de vacaciones a Ibiza todo el mes de Agosto, y nosotros ahí con los tíos todo el verano en Teruel. Menudo rollo, ahí, con el primo Ángel y la primita Clara. Allí no hay nada que hacer, y voy a perder otro verano más sin hacer nada. Y te he dicho mil veces que no quiero ir de campamento, ahí sólo van niños raros a andar por la montaña y a cargar con la mochila. Ya verás luego cuando se acabe el verano, llegarán todos morenos a clase y contando sus borracheras y las chicas que se han ligado, mientras que yo lo único que habré hecho es ayudar a papá a cortar el césped, como todos los años, e ir en bici con Petra. Como es la pequeña, todavía no sabe nada de qué va la vida, pero ya verás cuando crezca. Y te quejas de mí ahora. Mamá, estoy cansado de esta vida, estoy deseando terminar de estudiar, cumplir los dieciocho y marcharme de casa para hacer lo que me dé la gana y que me dejes en paz de una vez. Aunque mejor dicho, me quedo, así me aprovecho de tí y de paso apechugas por haberme tenido. No me extraña que papá ni te aguante. ¡Si es que siempre hay que hacer lo que tú digas! No le dejas ni que vaya a 140 con el coche cuando vamos a ver a la abuela. Ni siquiera ver el fútbol en casa. Si por él fuera, ya tendría un ordenador portátil para jugar en red. Él sí que me quiere y tú… ¡tú no tienes ni idea de cómo es la vida!

La historia ha terminado

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